Estudiar un posgrado en el extranjero era una meta que tenía desde que terminé la universidad. Después de varios años desarrollándome profesionalmente como arquitecta, sentí que era el momento de volver al ámbito académico para cuestionar algunas de las ideas con las que había trabajado hasta entonces y descubrir nuevas maneras de entender la arquitectura y la ciudad.
Elegí el Reino Unido porque buscaba una formación que combinara investigación, experimentación y diseño, y que me permitiera acercarme a metodologías diferentes a las que conocía. Dentro de las distintas alternativas, la University of Edinburgh llamó especialmente mi atención por su enfoque académico y por la posibilidad de estudiar arquitectura en una ciudad con una identidad urbana, histórica y paisajística tan particular.
Edimburgo terminó siendo también parte de mi aprendizaje. Poder estudiar la ciudad mientras la habitaba me permitió observar de otra manera la relación entre arquitectura, paisaje, patrimonio y naturaleza, y reflexionar sobre cómo algunos de estos conocimientos podrían trasladarse y adaptarse en el futuro a otros contextos, especialmente a mi país.
Otro motivo importante fue el desafío de estudiar completamente en inglés. Más allá del idioma en sí, quería demostrarme que podía desenvolverme académicamente y profesionalmente en un contexto internacional, comunicar mis ideas y trabajar junto a personas provenientes de distintas partes del mundo.
Mi experiencia durante el máster ha sido intensa, pero también una de las etapas de mayor aprendizaje de mi trayectoria académica. La metodología de enseñanza me permitió explorar la arquitectura desde perspectivas que anteriormente no había tenido la oportunidad de desarrollar con tanta profundidad.
Una de las cosas que más disfruté fue la posibilidad de experimentar. La universidad ofrece workshops, espacios de fabricación y diferentes recursos que permiten que las ideas no permanezcan únicamente en el dibujo o en la pantalla. A lo largo del máster pude investigar, producir modelos, trabajar con distintos materiales y explorar diferentes formas de representación. Esto hizo que el proceso de diseño fuera mucho más abierto y experimental.
La arquitectura es una disciplina exigente y el ritmo del máster puede llegar a ser bastante intenso, especialmente durante los periodos de entregas. Sin embargo, algo que hizo una diferencia importante fue sentir que existía acompañamiento. Mis profesores y supervisores estuvieron presentes durante el desarrollo de los proyectos, no solamente orientándonos académicamente, sino también entendiendo las dificultades que pueden surgir durante un proceso creativo tan demandante.
Fuera de la universidad, vivir en Edimburgo complementó enormemente la experiencia. Es una ciudad donde la historia, la arquitectura y el paisaje están constantemente presentes. Caminar por sus calles permite encontrarse con diferentes momentos de la historia de la ciudad, pero al mismo tiempo existe una vida cultural muy activa, con festivales, exposiciones y actividades durante gran parte del año.
Estudiar aquí me permitió entender que la experiencia universitaria no ocurre únicamente dentro de las aulas. La ciudad, las personas que conoces y la cultura con la que convives terminan formando también parte de tu educación.
Probablemente uno de los aprendizajes más importantes que me llevo del máster es haber ampliado mi manera de entender la arquitectura. Antes tendía a pensar el diseño principalmente desde las necesidades humanas y desde la relación entre las personas y el espacio. Durante el máster comencé a comprender el territorio como un sistema mucho más complejo, en el que también intervienen el clima, el agua, la topografía, la vegetación, los ecosistemas y otras especies.
Esta perspectiva cambió progresivamente mi manera de diseñar. La arquitectura dejó de ser para mí solamente un objeto construido para convertirse en una intervención dentro de una red de relaciones ambientales, sociales y territoriales mucho más amplia.
Considero que esta forma de pensar es especialmente relevante frente a los desafíos que enfrentamos actualmente, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la transformación de nuestros ecosistemas. Como arquitectos y urbanistas tenemos la posibilidad, pero también la responsabilidad, de imaginar formas de habitar que respondan de manera más consciente a estas condiciones. Esta reflexión se relaciona también con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la necesidad de incorporar estos desafíos dentro de la formación de las nuevas generaciones de profesionales.
Pero mis aprendizajes no han sido únicamente académicos. Mudarte a otro país, estudiar en otro idioma y adaptarte a una cultura diferente también implica aprender constantemente sobre ti mismo. Esta experiencia me ha enseñado a ser más independiente, flexible y abierta a otras formas de pensar. También me ha permitido conocer personas de diferentes culturas y comprender que existen muchas maneras de aproximarse a una misma problemática.
Si pudiera volver al momento anterior a mi llegada, una de las primeras cosas que me habría gustado saber es que encontrar alojamiento en Edimburgo puede ser un desafío importante, especialmente entre agosto y septiembre. Durante estas fechas coinciden el Edinburgh Festival Fringe, una gran cantidad de visitantes y la llegada de nuevos estudiantes a la ciudad, por lo que la demanda de alojamiento aumenta considerablemente. Mi recomendación para futuros estudiantes sería comenzar esta búsqueda con bastante anticipación.
También me habría gustado conocer mejor, antes de comenzar el máster, todos los recursos que tenía disponibles como estudiante. La universidad cuenta con numerosos workshops, espacios de fabricación, bibliotecas y otros recursos académicos que pueden aportar muchísimo al desarrollo de los proyectos. Una introducción más específica a estas posibilidades desde el comienzo habría sido muy útil para poder aprovecharlas al máximo desde los primeros meses.
Hay también pequeñas cosas de la vida cotidiana para las que habría sido útil estar mejor preparada. Una de ellas es el clima. Para alguien que viene de Latinoamérica, adaptarse al frío, al viento, a la lluvia y, especialmente, a la cantidad de horas de luz durante las diferentes estaciones puede tomar algún tiempo. Saber qué tipo de ropa y equipamiento son realmente necesarios habría facilitado bastante mis primeros meses.
Y, finalmente, recomendaría escuchar diferentes acentos escoceses antes de llegar. Puedes tener un buen nivel de inglés y aun así necesitar un periodo de adaptación para comprender algunos acentos y expresiones locales. Con el tiempo, el oído se acostumbra y termina convirtiéndose en otra parte interesante de la experiencia de vivir en Escocia.
Mirando hacia atrás, incluso estos pequeños desafíos terminaron formando parte del aprendizaje. Estudiar en el extranjero no solo significó obtener nuevos conocimientos sobre arquitectura, sino también aprender a desenvolverme en un contexto completamente diferente y descubrir nuevas perspectivas que espero poder incorporar a mi futuro profesional.
-Djanira Alexandra
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