Vivir en Durham es lo más cercano a recibir tu carta de Hogwarts y comenzar tu propia aventura internacional. Cada calle empedrada, puente y rincón histórico despierta una atmósfera de película. Soy Jennifer, ingeniera originaria de Mérida, Yucatán, México. Recibí mi propia carta mágica: la prestigiosa beca British Council Women in STEM para estudiar la maestría en Energy Engineering Management en Durham University. Buscaba una universidad con investigación puntera en transición energética, pero también un entorno que impulsara el liderazgo de las mujeres en la ciencia.
El mayor diferenciador de Durham frente al resto del Reino Unido es su sistema colegial tradicional. Pertenecer a Trevelyan College transformó por completo mi día a día. Al ser un college con comidas incluidas (catered), el dining hall funciona exactamente como el Gran Comedor: desayunas, almorzas y cenas con compañeros de todo el mundo. Es la mejor fórmula para perder el miedo a hablar inglés desde el primer día, compartir culturas y tejer una red de apoyo instantánea sin preocuparte por cocinar entre clases demandantes.
El inicio oficial de la maestría ocurre en la imponente Catedral de Durham, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su arquitectura normanda del siglo XI sirvió como escenario de Hogwarts en las primeras películas de Harry Potter y como Asgard en Marvel. Vestir el tradicional gown académico para caminar en procesión colegial y recibir la bienvenida oficial en la catedral es un ritual solemne que te eriza la piel y marca el tono de un año extraordinario.
El rigor en el Departamento de Ingeniería y el Durham Energy Institute es de talla mundial. No solo adquieres conocimientos técnicos avanzados con profesores de primer nivel, sino que tu voz cuenta. Fui elegida representante de mi maestría en el Student Voice Committee, liderando iniciativas para mejorar las condiciones académicas de mi generación, y me desempeñé como International Student Ambassador, guiando a aspirantes de todos los continentes a visualizar su futuro aquí.
La vida social y cultural es inagotable. Viví la elegancia de los formals mensuales, el deslumbrante Winter Ball y la fiesta del Summer Ball. La ubicación estratégica de Durham me permitió viajar en tren a Londres para ver en concierto a mis artistas favoritos, explorar Liverpool tras los pasos de The Beatles, descubrir la mística de Whitby y Drácula, o bailar en el Carnaval de Edimburgo. Con el aeropuerto de Newcastle al lado, también recorrí más de siete países europeos. Lo que parecía un desafío logístico se volvió natural, y aquellos extraños de distintas banderas hoy son mi familia para toda la vida.
La beca Women in STEM no solo financió mis estudios: me integró a una hermandad global de científicas e ingenieras listas para transformar la industria. Cuando Durham University fue la sede de la conferencia anual, me dieron la oportunidad de liderar y coorganizar parte del programa oficial. Amo que en Durham las puertas siempre se abren si demuestras pasión y determinación. Este impulso me llevó además a integrar el Student Shadow Board de la Women's Engineering Society a nivel nacional y a ser invitada a la Royal Academy of Engineering en Londres.
En el mundo real no tenemos un giratiempo para pausar los mejores momentos, y cuando vives con tanta pasión, este año pasa en un abrir y cerrar de ojos. Si pudiera darle un hechizo a mi versión antes de llegar, sería vencer el síndrome del impostor: eres valiosa, eres capaz y mereces estar aquí. No dejes que las dudas te frenen de levantar la mano, ponerte la toga y aprovechar cada oportunidad. La carta de aceptación llega para quien trabaja por sus sueños, pero la verdadera magia de Hogwarts comienza cuando decides cruzar el andén y dar el salto a Durham.
-Jennifer
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