Cuando empecé a buscar alojamiento para estudiantes en Sheffield, pensaba que las cosas más importantes eran muy sencillas: el precio y la distancia a la universidad.
Estaba equivocada.
Mudarte a otro país te hace darte cuenta de que el lugar que eliges para vivir puede influir en prácticamente todos los aspectos de tu experiencia como estudiante: cuánto tiempo tienes disponible, qué tan fácil es conocer gente, qué tan cómoda te sientes, cuánto terminas gastando además de la renta e incluso qué tan bien puedes manejar las semanas más estresantes de la Universidad.
Para mí, encontrar Vita Student Accommodation en Sheffield terminó siendo una de las mejores decisiones que tomé durante mi MBA.
A diferencia de muchos estudiantes internacionales, tuve la suerte de poder quedarme en cada de unos amigos cuando llegué a Sheffield. Esto me dio tiempo para conocer la ciudad antes de decidir dónde vivir.
Y rápidamente descubrí algo que definitivamente no había considerado mientras veía mapas desde otro país: Sheffield tiene colinas. Muchas.
Un lugar que parecía estar convenientemente cerca de la universidad en Google Maps podía sentirse completamente diferente cuando realmente tenías que caminar hasta allí.
Esa experiencia cambió mi forma de buscar alojamiento. La ubicación dejó de ser solamente una cuestión de distancia. Empecé a pensar en transporte, comodidad, seguridad, instalaciones y, sobre todo, en cómo sería realmente mi rutina diaria.
Así fue como encontré Vita.
A primera vista, Vita no era la opción de alojamiento más económica que había considerado. Sin embargo, rápidamente entendí que comparar únicamente el precio de la renta no contaba toda la historia.
Durante mi estancia, mi alojamiento incluía cosas que, de otra manera, habría tenido que organizar y pagar por separado: desayuno entre semana, café, gimnasio, transporte hacia la universidad, limpieza de la habitación, actividades sociales y diferentes espacios comunes.
También había áreas para estudiar y socializar, juegos, lavandería, una sala de cine e incluso una gran cocina que los residentes podían utilizar para organizar reuniones con amigos.
Además, mi estudio era completamente privado, con mi propio baño y cocina.
Como estudiante internacional adaptándome a un nuevo país mientras cursaba un posgrado intensivo, tener tantas cosas disponibles en un mismo lugar hizo mi vida mucho más sencilla.
Probablemente esta fue la lección más importante que aprendí al elegir alojamiento.
Algunos de mis amigos pagaban menos renta que yo, pero su experiencia diaria era muy diferente.
Algunos utilizaban regularmente el transporte público o taxis. Otros pagaban una membresía de gimnasio. Algunos compartían cocina con varios flatmates y terminaron prefiriendo comer fuera porque mantener limpia una cocina compartida podía ser complicado.
Entonces empecé a darme cuenta de que un alojamiento no debería evaluarse únicamente por la cifra que aparece en la página de reservación.
Cuando consideré el transporte, la comida, el gimnasio, las instalaciones, la comodidad y, quizá lo más importante, mi tiempo, vivir en Vita empezó a tener mucho más sentido tanto económica como prácticamente para mí.
A veces, la habitación más barata no es necesariamente la opción que ofrece el mejor valor.
La parte de Vita que más me sorprendió no fue mi habitación ni las instalaciones.
Fueron los eventos.
Había clases de cocina con chefs, sesiones de ejercicio con instructores, talleres creativos, clases de coctelería y muchas otras oportunidades para probar algo diferente.
Cada persona participaba por razones distintas. Algunos querían conocer nuevos amigos. Otros iban por la comida o bebidas gratis. Algunos querían entrenar o simplemente pasar un buen rato.
Para mí, terminaron significando algo diferente.
La vida durante un MBA puede ser intensa. Había días en los que regresaba después de clases o de pasar horas trabajando en algún proyecto y saber que abajo estaba por empezar una sesión de pintura o una clase de cerámica era muy gratificante.
Poder entrar, guardar mi laptop y pasar un rato haciendo algo completamente diferente con mis manos me daba un descanso mental que muchas veces ni siquiera sabía que necesitaba.
Ese es el tipo de cosas a las que todavía me cuesta ponerles un precio.
Cuando te mudas a otro país, dejas atrás mucho más que tu casa. Dejas tus rutinas, lugares conocidos, familia, amigos y todas esas pequeñas cosas que normalmente hacen que un lugar se sienta como hogar.
Por eso creo que elegir alojamiento como estudiante internacional significa mucho más que simplemente encontrar un lugar donde dormir.
Estás eligiendo el lugar al que regresarás después de un examen difícil, donde prepararás la cena después de un día largo, donde probablemente conocerás a algunos de tus primeros amigos y donde ocurrirá una parte importante de tu experiencia viviendo en el extranjero.
Vita comenzó siendo simplemente el edificio en el que iba a vivir mientras realizaba mi MBA.
Con el tiempo, se convirtió en el lugar donde hacía ejercicio, estudiaba, descansaba, conocía gente, probaba cosas nuevas y creaba recuerdos que no tenían absolutamente nada que ver con la universidad.
En algún momento dejó de sentirse como un simple alojamiento para estudiantes.
Se convirtió en mi hogar en Sheffield.
Mi consejo para cualquier persona que esté eligiendo alojamiento desde otro país es muy sencillo: no se fijen únicamente en el precio de la renta o en la distancia que aparece en un mapa. Piensen en la vida que quieren tener una vez que lleguen.
A veces, el lugar donde eliges vivir termina convirtiéndose en una de las partes más importantes de toda tu experiencia estudiando en el extranjero.
- Carolina
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