Una vez que logré obtener mi carta de aceptación para estudiar la Maestria de Historia del Arte y Curaduria en la Universidad de Birmingham, pensé que las clases serian el reto más difícil a enfrentar. Y aunque en efecto, todas mis habilidades y experiencias hasta entonces me pusieron a prueba académicamente, descubrí que vivir al otro lado del mundo implica muchísimo más que solo aprender el idioma.
Una vez que superas los primeros días de adaptarte al acento, y comienzas a entender las diferencias culturales (entendí que ‘you alright’ no es una pregunta invitando a expresar todo lo que sientes, sino un simple ‘hola’), comienzas a darte cuenta de que, de alguna manera, encajas ahí: entre tus compañeros de clases, las personas con las que vives, y los nuevos amigos que vas haciendo.
Otros desafíos que enfrente parecen pequeños desde fuera, pero no lo son. Aprendí que la cortesía británica tiene sus propios códigos y que a veces hay que aprender a leer entre líneas; que el futbol es un deporte que se vive con un alma muy similar a la mexicana; que el mar de Gales es helado, pero aun así, disfrutable; que comer fish and chips en un pub es todo un ritual; y que el día y la noche no se pueden medir a través de solo mirar por la ventana.
No solo aprendí de la cultura del Reino Unido. Algunos de mis amigos provienen de lugares tan distingos como India, China, Kazajistán, Corea, Tailandia y Japón. He tenido la oportunidad de celebrar con ellos fechas importantes, probar sus recetas tradicionales y hacerles todas las preguntas imaginables sobre sus vidas y sus países. Contrastar sus experiencias con la propia ha sido de las experiencias más enriquecedoras de este ano. He aprendido muchísimo de ellos, pero también de mi misma, y he aprendido a valorar mis propios orígenes de nuevas maneras.
Hay muchas cosas que me hubiera gustado saber antes de llegar a Birmingham: que la lluvia no es torrencial como en Aguascalientes, sino que cae casi imperceptible, de modo que parece que la respiras mientras caminas por la niebla; que aunque anochezca a las 3 de la tarde, la vida no se detiene; y que en verano, un antifaz te salva de despertar desde las 4 de la mañana; o que el secreto para sobrevivir al invierno no es usar el sweater (mejor dicho, jumper) más grueso del mundo, sino aprender a vestirte con (múltiples) capas y tener una buena chamarra impermeable.
Sin embargo, entendí que hay cosas para las que nadie puede prepararte del todo. Tienes que descubrirlas por ti mismo. He batallado, sigo aprendiendo y aun aprendo cosas nuevas, pero no quisiera que fuera de otra manera. Empaqué bastante mal para el clima británico, no tenía nada de ropa resistente al agua, ni zapatos que no se inundaran, y para mi sorpresa, descubrí que el calor británico es tan húmedo que 26 grados pueden sentirse tan fuerte como 36 grados en México, (¡al punto de parar todos los trenes!), pero, afortunadamente, vine mucho mejor preparada para todo lo demás de lo que imaginaba.
Llegué pensando principalmente en todo lo que quería aprender sobre arte y museos; casi un año después, me doy cuenta de que también aprendí a vivir sola en otro país, a desenvolverme en culturas distintas a la mía y a confiar mucho más en la formación que llevaba conmigo desde México.
-Fernanda Lorena
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