Hace doce meses no sabía si esto llegaría a pasar. Abría correos de rechazo de becas, expedientes incompletos y nuevos requisitos, uno tras otro. Durante meses, estudiar en el Reino Unido parecía un plan algunos días y un sueño imposible otros.
Mirando hacia atrás, me alegra muchísimo no haber pasado ese proceso sola. Mi asesora, de Across the Pond, estuvo presente en cada uno de esos correos, acompañándome con instrucciones clarísimas cuando todavía no había nada que celebrar. Hoy su nombre aparece en los agradecimientos de mi tesis porque, sin su acompañamiento, esa tesis sencillamente nunca habría existido.
Entonces, ¿por qué el Reino Unido? Por una razón práctica y otra profundamente personal.
La práctica: un máster británico dura un solo año. Cuando me postulé ya llevaba más de una década trabajando en innovación educativa en México, y poder especializarme sin poner mi carrera en pausa durante dos años fue uno de los factores decisivos. Además, un título británico viaja contigo: es reconocido mucho más allá del Reino Unido, y abre puertas tanto en México como en Europa.
La personal: siempre me atrajo la forma en que las universidades británicas entienden el aprendizaje. Vine buscando un lugar donde hacer buenas preguntas importara tanto como encontrar respuestas. Y encontré exactamente eso.
Antes de llegar daba por hecho que estudiar fuera de Londres sería una desventaja. Terminó siendo una de las mejores decisiones que tomé.
Colchester tiene el ritmo justo para estudiar. El campus es verde, puedes caminar prácticamente a todos lados y muy pronto dejas de sentirte "una estudiante internacional" para sentirte parte de una comunidad.
Y lo mejor es que Londres nunca deja de estar ahí. Está a menos de una hora en tren. Más de una vez fui solo para recorrer un museo, ver un concierto, cenar con amigos o caminar por la ciudad, y regresé al campus esa misma noche. El trayecto terminó formando parte del plan.
También me encantó poder pasar un día en Cambridge, visitar Norwich o recorrer la costa de Essex sin tener que organizar un viaje complicado. Essex me dio algo que no esperaba: la calma de un campus universitario sin renunciar a nada de lo que ofrece una ciudad como Londres.
Viví en The Meadows durante todo el máster, y volvería a elegir alojamiento universitario para un primer año.
Sí, seguramente hay opciones más económicas fuera del campus. Pero vivir ahí hizo que conocer gente fuera algo natural. No había que organizar nada; simplemente coincidías con las mismas caras todos los días.
Y hay otro consejo que casi nadie da.
Encuentra tu lugar.
No tu habitación.
Tu lugar.
El mío fue el foyer del edificio de Computer Science and Electronic Engineering (CSEE). Ahí armé presentaciones, escribí buena parte de mi tesis, me desesperé con Python, celebré cuando por fin algo funcionaba y compartí incontables cafés con compañeros.
Suena a detalle pequeño, pero tener un sitio donde de verdad sientes que perteneces cambia por completo tu experiencia universitaria.
Si pudiera darte un solo consejo, sería este.
Cuando llegué a Essex, la comunidad latina y la comunidad católica del campus se convirtieron en un enorme sostén. Una me dio el idioma, la comida y las bromas que no hay que explicar. La otra me dio un punto fijo en la semana donde alguien preguntaba de verdad cómo estaba.
No esperes a sentir soledad para salir a buscar tu comunidad. La vida académica te va a absorber desde la primera semana; todo lo demás hay que construirlo a propósito.
Esta era mi mayor preocupación antes de postularme.
Mi formación no era Ciencias de la Computación.
Soy psicóloga clínica y neuropsicóloga.
Las primeras semanas fueron intimidantes. Tenía compañeros casi diez años menores que programaban con una soltura que yo simplemente no tenía. Mientras ellos parecían llevar años hablando el idioma del código, yo aprendía Python en cuestión de semanas y retomaba cálculo después de muchísimo tiempo.
Pero con el tiempo entendí algo que cambió por completo mi forma de ver el programa.
La universidad no esperaba que todos pensáramos igual.
Esperaba que cada uno aportara algo distinto.
Mi formación en psicología me permitió hacer preguntas sobre conducta, emoción y toma de decisiones que conectaban de manera natural con la inteligencia artificial.
Al final del año estaba investigando predicción de emociones y rasgos de personalidad a partir de señales EEG, y colaborando en un proyecto de reconocimiento emocional con dispositivos wearables.
Fue entonces cuando la mejor lección del máster terminó de encajar.
Este programa nunca me pidió abandonar mi formación anterior.
Me pidió traducirla a un nuevo lenguaje.
Si vienes de otra disciplina y estás dudando si perteneces a un programa de IA, mi respuesta es sencilla: sí perteneces. Tu experiencia previa puede ser justo lo que te permita ver problemas que otros no ven.
Al terminar el máster podía desarrollar modelos en Python, trabajar en R, usar software estadístico, aplicar técnicas de machine learning e information retrieval y colaborar en proyectos de investigación en inteligencia artificial.
Pero, sinceramente, eso no fue lo más importante.
Un modelo no vale simplemente porque funcione; vale porque puedes explicar por qué funciona.
Una buena metodología importa tanto como un buen resultado.
Y, la mayoría de las veces, una buena investigación empieza con una mejor pregunta.
También aprendí a vivir en inglés, y lo disfruté mucho más de lo que esperaba. Si esa es tu duda, te la separo en dos: el inglés de conversación deja de ser un problema en cuestión de semanas. Lo que de verdad cuesta es el vocabulario técnico de un campo que además es nuevo para ti, y escribir académicamente contra reloj. Eso se aprende, y la universidad ofrece apoyo específico para ello.
Y ya entrada en eso, terminé estudiando inteligencia artificial mientras aprendía algo de alemán por pura curiosidad, gracias a los cursos de idiomas que ofrece la universidad. Nunca subestimes todo lo que una universidad te da fuera de tu propio programa.
Hay aprendizajes que nunca aparecen en un plan de estudios.
Como descubrir que cuando un británico te pregunta "You alright?", normalmente no está preocupado por tu salud mental; simplemente te está saludando.
O darte cuenta de que vas a desarrollar preferencias completamente irracionales. En mi caso, ninguna estudiante necesitaba hacer el súper en Waitrose... pero de vez en cuando lo hacía porque, por razones que todavía no sé explicar del todo, me hacía sentir un poquito más británica.
También encontré algo que no esperaba: lo accesible que es la cultura aquí. Conciertos en iglesias, museos gratuitos, ballet, orquestas y exposiciones terminaron formando parte de fines de semana perfectamente normales.
Una de las cosas que más me gustó fue que estas experiencias no se sintieran como ocasiones especiales. Poco a poco se volvieron parte de la vida estudiantil de todos los días.
No necesitas llegar sabiéndolo todo.
Siempre habrá alguien con una formación más sólida que la tuya.
Y créeme cuando te digo esto… sí perteneces.
También habría agradecido que me contaran algunas cosas muy prácticas:
Regístrate con un GP durante tus primeras semanas, aunque te sientas perfectamente bien.
El hard water realmente es "hard".
Viniendo de México, subestimé cuánto iba a marcar mi rutina el cambio de horas de luz. Me encantó tener sol hasta casi las diez de la noche en verano, pero estaba mucho menos preparada para el invierno, cuando los días cortos afectaron mi energía bastante más de lo que esperaba. Es completamente manejable, pero me habría gustado saberlo antes de llegar.
Di que sí a las excursiones, los museos, los conciertos y las invitaciones improvisadas. Muchos de mis mejores recuerdos nunca estuvieron en mi calendario.
Sin pensarlo dos veces.
Hace un año soñaba con estudiar en el Reino Unido.
Hoy me voy con experiencia en investigación, amistades de distintas partes del mundo y, sobre todo, con la certeza de que cambiar de disciplina a mitad de la carrera no significa empezar desde cero.
Vine al Reino Unido con la esperanza de entender la inteligencia artificial.
Me voy sabiendo formular mejores preguntas.
Y si hoy estudiar en el Reino Unido todavía te parece un sueño...
Conviértelo en un plan.
-Maria Jose
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