La idea de estudiar fuera de México no nació de un día para otro. Desde que comencé mi carrera universitaria, soñaba con vivir una experiencia internacional. Sin embargo, durante muchos años siempre parecía existir alguna razón para posponerla: el dinero, situaciones personales, momentos emocionalmente difíciles, o la inseguridad de pensar que quizá no era suficientemente capaz de conseguirlo.
El sueño nunca desapareció. Después de más de diez años de experiencia profesional me encontraba en una etapa diferente. Había atravesado cambios importantes, había logrado ahorrar y, sobre todo, había vuelto a conectarme conmigo misma. Sentí que ya no quería seguir esperando el momento perfecto: tenía que convertir ese deseo en un proyecto real.
Quería crecer profesionalmente, pero también buscaba algo muy personal. Deseaba demostrarme que podía vivir sola, valerme por mí misma y comenzar una vida en otro país gracias a mi trabajo, mis méritos y mi esfuerzo. Más que obtener un título, quería darle un giro completo a mi vida.
Exploré programas en distintos lugares de Europa, pero Reino Unido siempre había sido mi primera opción. Me atraían la reputación de sus universidades, su exigencia académica y la posibilidad de estudiar en un ambiente internacional.
También existía una conexión más personal: siempre me ha encantado el acento británico, me interesaba su cultura y gran parte de la música que ha acompañado mi vida pertenece a bandas británicas. Sabía que estudiar allí representaría un reto importante, pero precisamente por eso sentía que sería una experiencia capaz de transformarme.
Conocí Across the Pond mientras investigaba cómo estudiar en Reino Unido. Leí testimonios de otros estudiantes, revisé sus redes sociales y, posteriormente, los encontré en ferias educativas.
Cuando los contacté, tenía muchas dudas. Me preocupaba no encontrar programas adecuados para mí, que el tiempo transcurrido desde mi licenciatura pudiera jugar en mi contra o que surgieran dificultades que hicieran imposible continuar.
Mi asesora me acompañó durante todo el proceso con mucha calidez, paciencia y ánimo. Me ayudó a explorar programas, a entender la documentación y a preparar mis solicitudes.
También recibí información sobre universidades y ciudades, recordatorios importantes, invitaciones a webinars y oportunidades para conversar con representantes universitarios y antiguos estudiantes.
Ese acompañamiento hizo que un proceso que inicialmente parecía enorme comenzara a sentirse organizado y posible. Cuando recibí la oferta de la University of Leeds, sentí una felicidad inmensa. Saber que una universidad con una gran reputación valoraba mi experiencia y consideraba que cumplía con sus requisitos me dio la confianza que necesitaba para seguir adelante.
Durante el proceso también solicité distintas becas. Lo hice con mucha ilusión, aunque en el fondo pensaba que sería muy difícil conseguirlas porque nunca antes había tenido una oportunidad similar.
Una mañana lo cambió todo. Recibí un correo durante la madrugada con el asunto “Tetley and Lupton Scholarship”. Sentí tantos nervios que durante unos instantes no quería abrirlo.
Cuando finalmente leí que había sido seleccionada, no podía creerlo. Comencé a llorar y llamé a mi mamá para compartirle la noticia. Lloramos y nos abrazamos mientras yo trataba de comprender que la beca me daría gran paz y estabilidad económica al estar allá.
Me había prometido que, si la recibía, la tomaría como la señal definitiva para irme; y así fue. A partir de ese momento comencé a organizar el alojamiento, la visa y todos los detalles necesarios para iniciar esta nueva etapa.
Tiempo después, recibí la noticia de que también había obtenido la beca de SECIHTI. Volví a llorar de emoción y comprendí que estaba logrando una meta que durante mucho tiempo había considerado casi imposible.
Pocos meses antes de viajar, atravesé una gran pérdida personal y, por un momento, pensé en abandonar el proyecto. Aun así, decidí continuar y darme la oportunidad de vivir aquello por lo que había trabajado durante tanto tiempo.
Llegar al Reino Unido no significó únicamente comenzar una maestría. También significó aprender a vivir sola, resolverlo todo en otro idioma y confiar mucho más en mí misma.
Si pudiera hablar con la versión de mí que comenzó este proceso, le diría que lo intentara sin pensar siempre en el peor resultado. Le recordaría que los sueños sí pueden cumplirse y que algunas oportunidades quizá no llegan cuando las imaginamos, sino cuando finalmente estamos preparadas para vivirlas.
- Karla
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