Antes de llegar a Reino Unido no conocía Leeds. Al instalarme, una de las primeras cosas que me sorprendió fue la amabilidad de la gente. Desde mi experiencia, es una ciudad acogedora, activa y cómoda para vivir como estudiante.
Gran parte de mi vida cotidiana podía realizarla caminando. La universidad, el centro y mi alojamiento estaban a una distancia manejable, lo que facilitaba conocer poco a poco las calles y sentirme más independiente.
El clima sí requirió adaptación. Al venir de Ciudad de México, el frío y la necesidad de utilizar varias capas de ropa podían resultar retadores. Sin embargo, siempre me ha gustado más el clima fresco y con el tiempo aprendí a prepararme mejor para disfrutarlo.
Leeds también tiene mucha vida social. En mi tiempo libre podía asistir a eventos, conciertos o reuniones, además de convivir con mis amigos y con la familia de mi pareja. La ciudad tiene todo lo necesario para disfrutarla, pero una de sus mayores ventajas es que también funciona como un excelente punto de partida para explorar otros lugares.
Viajar en tren desde Leeds me permitió conocer diferentes partes de Yorkshire. Visité ciudades y pueblos como York, Otley, Ilkley, Halifax y Knaresborough, además de lugares como Mother Shipton’s Cave.
Knaresborough se convirtió en una de mis recomendaciones favoritas para pasar un día fuera de Leeds. Es posible caminar, disfrutar sus paisajes, conocer espacios históricos y remar en el río. Para mí, un plan perfecto era pasear en bote, comer un helado y regresar tranquilamente a Leeds después de haber pasado el día al aire libre.
Estas excursiones me mostraron una parte del Reino Unido muy diferente de las imágenes más conocidas de Londres. Yorkshire tiene paisajes, pueblos, arquitectura e historias propias. Vivir en Leeds me permitió conocer esa diversidad sin necesidad de organizar viajes demasiado complicados o costosos.
La buena conexión de Leeds también me permitió visitar otros destinos británicos. Durante mi tiempo como estudiante conocí Manchester, Liverpool, Londres, Edimburgo, Cambridge, Oxford y Nottingham, entre otros lugares.
Cada viaje fue especial por una razón diferente. Algunos los hice con amigos, otros con mi pareja y otros con mi familia cuando vino a visitarme. Dos de los recuerdos más significativos fueron viajar a Liverpool y Edimburgo con mi mamá y mi hermana. Después de tantos meses viviendo lejos de ellas, poder mostrarles una parte de la vida que había construido en Reino Unido fue muy emocionante.
Viajar también me ayudó a comprender mejor el país. Reino Unido no es una sola experiencia: cada ciudad tiene su propio ritmo, acento, arquitectura e identidad. Conocer esos contrastes complementó todo lo que aprendía dentro de la universidad.
Antes de llegar me preocupaba que vivir fuera de Londres pudiera limitar mis posibilidades de viajar. En realidad, descubrí que Leeds está muy bien conectada y que desde allí podía organizar escapadas a muchos lugares.
También aprendí que viajar durante una maestría requiere equilibrio. El sistema académico británico ofrece cierta flexibilidad, pero cada estudiante es responsable de organizar sus lecturas, ensayos y fechas de entrega. Era posible salir y explorar, siempre que planificara mi tiempo y cumpliera con mis responsabilidades.
Mi consejo para futuros estudiantes sería no limitar su experiencia al campus o a los destinos más famosos. Vale la pena conocer los pueblos cercanos, caminar por Yorkshire y aprovechar los fines de semana para descubrir lugares distintos.
Estudiar en Leeds me dio una educación internacional dentro del aula, pero viajar desde la ciudad amplió todavía más mi perspectiva. Leeds no fue únicamente mi destino: se convirtió en el punto de partida para conocer muchas versiones diferentes de Reino Unido.
- Karla
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