Siempre me entusiasmó la idea de vivir una experiencia en el extranjero; quería aprender a valerme por mí misma y descubrir de qué era capaz estando sola. Elegí el Reino Unido por su impresionante historia, su cultura y esa arquitectura tan diferente que siempre me llamó la atención. Además, me atrajo el prestigio de sus universidades en los rankings mundiales, el idioma y, sobre todo, la multiculturalidad. Sabía que estudiar aquí me daría la oportunidad de enriquecerme compartiendo con personas de todos los rincones del mundo.
En lo académico, la experiencia ha sido increíble. Al principio el ritmo parecía tranquilo, incluso llegué a pensar que sería más fácil que en mi país, pero el sistema británico está tan bien organizado que, casi sin darte cuenta, terminas aprendiendo muchísimo. Lo que más valoré fue la inmensa libertad académica que se respira aquí.
En lo personal, ha sido un camino de madurez total. Creces a pasos agigantados cuando te das cuenta de que estás sola: nadie te va a cocinar ni a lavar la ropa. Sin embargo, hay una magia enorme en eso, porque tú te conviertes en la única dueña de tu tiempo y de tus decisiones.
Culturalmente, ha sido un choque fascinante. Aprendí que lo que para mí es normal, para otros no lo es, y viceversa, lo cual te lleva a cuestionar tu propia forma de ver la vida. Te abres tanto al mundo que terminas cocinando platillos de otros países, enamorándote de nuevos sazones y celebrando nuestras diferencias.
Los aprendizajes que me llevo son la resiliencia, la autodisciplina para organizarme y la certeza de que sí se puede equilibrar la vida diaria mientras trabajas en tus propios proyectos. Pero, sin duda, el aprendizaje más valioso ha sido la forma de pensar. El sistema británico no se enfoca en que memorices cómo calcular un parámetro o cómo hacer un experimento; te enseña a razonar, a dudar y a cuestionar. Esa capacidad de análisis es el verdadero tesoro de estudiar aquí.
Me habría encantado prepararme mejor para el choque cultural. La cultura inglesa es muy diferente a la mexicana, que es mucho más cálida. En un plano más práctico, ¡me habría venido de maravilla saber exactamente qué meter en la maleta y haber traído mucha más comida de mi país!
Pro tip: ¡Traer comida es lo más valioso!
Por último, me hubiera gustado asimilar con anticipación el costo emocional: saber que, aunque vas a vivir experiencias maravillosas, dejas atrás a tu familia y habrá momentos importantes de sus vidas en los que no podrás estar presente. Es un sacrificio real, pero que también le da un valor inmenso a cada logro que alcanzas aquí.
- Jaqueline
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