Hacer mi MBA posible

Study an MBA in London

Siempre tuve claro que, dentro de mi trayectoria laboral, quería estudiar un posgrado en el extranjero. Para mí, estudiar fuera de México siempre representó una oportunidad de crecimiento tanto profesional como personal, y conforme fui avanzando en mi carrera se volvió cada vez más importante para mí poder vivir esa experiencia. También creo que muchas veces, mientras más tiempo dejas pasar, más cosas sientes que estás poniendo en juego, especialmente tu estabilidad. Por eso, a veces no hay que pensarlo tanto y simplemente hay que lanzarse.

Elegí el Reino Unido por varias razones. Una de ellas fue el idioma. A pesar de que ya tenía un nivel avanzado de inglés, lo sentía un poco empolvado y quería seguir estudiándolo y practicándolo en un ambiente donde realmente tuviera que utilizarlo todos los días. También quería aprender y desenvolverme con los tecnicismos profesionales en inglés, algo que considero muy valioso para mi carrera.

Y, por supuesto, estaba Londres. Visité la ciudad unos años antes y me había encantado. Me gusta muchísimo la historia, la cultura, la cantidad de cosas que puedes hacer, los parques, los museos y, sobre todo, la diversidad de personas que encuentras. Hoy, después de haber vivido aquí, puedo decir que fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado.

Pero hacer un posgrado en el extranjero también implica enfrentarse a una realidad muy concreta: el costo. Aunque durante mis cinco años de experiencia profesional había trabajado y ahorrado, una maestría internacional, sumada al costo de vida en Londres, representaba una cantidad que simplemente no podía cubrir por mi cuenta. Y, además, cuando te mudas a otro país, empiezan a aparecer muchos gastos que al principio ni siquiera tienes contemplados: trámites, visa, vuelos, depósitos, transporte, gastos de instalación y muchas otras cosas que se van acumulando. Mi mamá también me apoyó dentro de sus posibilidades, y sin ella tampoco habría sido posible, pero aun juntando mis ahorros y todo el apoyo que podía conseguir, necesitaba una alternativa de financiamiento.

Por eso decidí aplicar a un crédito como los de FUNED y FIDERH. Para mí, no era simplemente una opción más, era lo que hacía financieramente viable poder estudiar en el Reino Unido.

Mi proceso de solicitud fue, para ser muy honesta, bastante caótico. También reconozco que fue en parte por mí, porque decidí algo tarde que quería hacer la maestría y terminé haciendo muchas cosas con bastante prisa. Si pudiera regresar en el tiempo, definitivamente empezaría el proceso con más anticipación y calma.

Además, durante el proceso aprendí algo importante: no necesariamente vas a recibir el monto que inicialmente tienes contemplado. Yo tenía un presupuesto y una cantidad que necesitaba para poder cubrir mis gastos, pero los créditos que podía obtener terminaban siendo menores de lo que esperaba. Eso hizo que el proceso fuera bastante estresante y que tuviera que buscar la manera de complementar los recursos por otros medios.

A pesar de eso, mi experiencia con las personas de FUNED y FIDERH fue muy buena. Siempre encontré personas muy amables, atentas y dispuestas a ayudarme. En un proceso que de por sí puede ser abrumador, tener ese acompañamiento hizo una gran diferencia.

Y una vez que llegué a Londres, los retos fueron diferentes. Uno de mis principales miedos era hablar en inglés, porque una cosa es saber inglés y otra muy distinta es participar en una discusión, defender una opinión o simplemente expresarte con naturalidad frente a un salón lleno de personas.

También tuve mucho síndrome del impostor. Estaba rodeada de personas sumamente talentosas, muchas de ellas con más años de experiencia profesional que yo, y al principio me preguntaba si realmente iba a estar a la altura.

Con el tiempo fui ganando confianza. La propia experiencia del MBA, los talleres y el acompañamiento que recibimos me ayudaron muchísimo a soltarme. Pero, sobre todo, aprendí que no se trata de quién sabe más o quién tiene la trayectoria más impresionante. Cada persona llegaba con un background diferente y con habilidades distintas, y precisamente eso hizo que la experiencia fuera tan enriquecedora. Todos teníamos algo que aprender de los demás.

Finalmente, puedo decir con toda honestidad que sin este financiamiento mi MBA no habría sido posible. Incluso con una beca y habiendo elegido una escuela que, dentro del contexto de los MBA en Reino Unido, era bastante accesible, la inversión seguía siendo demasiado alta para poder cubrirla sola.

Lo que más valoro de este tipo de crédito es que está pensado realmente para apoyar a estudiantes que quieren seguir preparándose. Las condiciones son mucho más amigables que las de un préstamo bancario tradicional y, sobre todo, no tienes que preocuparte por empezar a pagarlo mientras estás estudiando. Eso te permite concentrarte en lo que realmente importa en ese momento: estudiar, aprovechar la oportunidad y vivir al máximo esta aventura tan enriquecedora.

Para mí, este apoyo no significó simplemente poder pagar una colegiatura. Significó poder tomar una oportunidad que, de otra manera, probablemente habría tenido que dejar pasar. Hoy puedo decir que estudiar mi MBA en Londres fue una de las experiencias más importantes de mi vida, y estoy muy agradecida de haber encontrado una alternativa de financiamiento que me permitió hacerla realidad.

-Rocío
 

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