Apostar por mí: cómo un crédito educativo hizo posible mi maestría en el Reino Unido

Estudiar Marketing en University of Leeds

Después de diez años construyendo una carrera entre tecnología global, medios de lifestyle y mi propia agencia de marketing, estudiar en el Reino Unido no fue un capricho: fue el siguiente paso lógico. Lo que me faltaba era el reconocimiento internacional que me permitiera competir por puestos senior de marketing en el tipo de empresas para las que realmente quiero trabajar con impacto en mercados globales. Una maestría en International Marketing Management en Leeds University Business School era justo esta pieza que faltaba.

Pero una cosa es saber lo que necesitas, y otra muy distinta es poder pagarlo en libras esterlinas, sobre todo si eres una profesionista mexicana sin un fondo familiar detrás. Ahí es donde entró FIDERH. No quería liquidar mis ahorros ni congelar mi transición de carrera mientras "ahorraba lo suficiente"; para cuando lo lograra, el costo de oportunidad de quedarme dos o tres años más en el mismo puesto habría sido mayor que el crédito mismo. Un financiamiento estructurado significaba poder inscribirme ahora, en mis propios términos, y pagarlo una vez que ya estuviera capitalizando el retorno de esa inversión.

Para mí todo se fue acomodando perfectamente, y una gran parte de eso fue tener a Across the Pond guiándome durante todo el proceso y diciéndome exactamente qué documentación necesitaba. Ese apoyo me ayudó muchísimo a estructurar mi solicitud, asegurándome de tener todo listo para aplicar a tiempo y avanzar por cada etapa de esta decisión: la aceptación, el financiamiento, la visa y todas las preguntas que surgen cuando uno está apunto de mudarse a otro país.

Si soy honesta, tuve dudas reales antes de firmar. ¿Era "demasiado senior" para volver a ser estudiante? ¿Estaba a punto de endeudarme por una maestría que tal vez no me llevaría a donde yo esperaba? También existe un miedo silencioso del que no se habla lo suficiente: dejar la estabilidad de un trabajo fijo en una empresa global para volver a empezar, otra vez, desde cero en un país nuevo. Lo que me ayudó a superarlo fue dejar de ver el crédito como un riesgo y empezar a verlo como la ruta más directa hacia la carrera que realmente quiero y confiar en que mi experiencia simplemente me hacía una mejor candidata a la maestría.

Sin ese crédito, esta maestría simplemente no hubiera sucedido en este preciso momento. Fue lo que convirtió un "algún día haré la maestría en el Reino Unido" en una carta de aceptación, un vuelo a Leeds y, este año, una tesis terminada. También significó poder estar realmente presente en la experiencia: tomar un rol de liderazgo en la Women in Leadership Society, ser escogida como Representante de mi maestría, y construir mi propia red de contactos, en lugar de vivir con la preocupación de cómo pagaría mi estancia cada mes.

Si eres una profesionista mexicana preguntándote si un crédito así "vale la pena" para estudiar en el Reino Unido: para mí, no solo fue un salto de fe, fue el puente que me llevó a un montón de experiencias únicas que solo estando aquí se pueden vivir.

- Abish

 

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París entre clase y clase

Estudiar en University of Leeds

Un reencuentro en una ciudad nueva

Una de las ventajas más emocionantes de estudiar en Reino Unido fue descubrir lo cerca que podía sentir Europa. Desde México, visitar ciudades como París parecía un viaje que requería mucha planeación, tiempo y una ocasión especial. Viviendo en Leeds, de pronto podía convertirse en el plan para un fin de semana.

Una de mis mejores amigas viajó desde México y se encontraba en París, así que decidimos encontrarnos allí. Ninguna de las dos conocía la ciudad y poder descubrirla juntas hizo que la experiencia fuera todavía más especial.

Después de pasar varios meses lejos de casa, reencontrarme con una amiga mexicana ya era emocionante. Hacerlo en una de las ciudades más emblemáticas del mundo convirtió aquel fin de semana en un recuerdo verdaderamente mágico.
 

Conocer París por primera vez

Durante esos días caminamos, conversamos, conocimos lugares que antes solo habíamos visto en fotografías y disfrutamos la emoción de descubrir la ciudad al mismo tiempo.

No necesitábamos tener un itinerario perfecto. Parte de la magia estaba en recorrer sus calles, observar la arquitectura y compartir nuestras primeras impresiones. Todo era nuevo para las dos, por lo que cada rincón se convertía en parte de una experiencia compartida.

París siempre me había parecido una ciudad lejana y casi cinematográfica. Estar allí me hizo comprender cuánto había cambiado mi vida desde que decidí estudiar en Reino Unido. Meses antes estaba organizando solicitudes, becas y documentos desde México; ahora podía encontrarme con una de mis mejores amigas al otro lado del mundo y pasar juntas un fin de semana en París.
 

Europa más cerca de Leeds

Lo que más me sorprendió fue la facilidad con la que pude realizar el viaje y regresar a Leeds para continuar con mis clases y actividades normales durante la semana siguiente. No tuve que interrumpir mis estudios ni planear unas vacaciones largas para vivir una experiencia internacional.

Leeds cuenta con su propio aeropuerto, desde el cual, durante mi estancia, era posible viajar a diferentes destinos. También hice una escapada de fin de semana a Dublín con mi pareja, lo que me confirmó que estudiar en esta ciudad podía abrir muchas posibilidades para conocer otros lugares.

Además, Leeds tiene una conexión muy conveniente con Manchester en tren, donde se encuentra un aeropuerto internacional más grande. Viajar en tren resultaba sencillo y, desde mi experiencia, también era cómodo cuando llevaba equipaje.

Tener esas alternativas me permitió encontrar diferentes rutas según el destino y organizar viajes breves alrededor de mis responsabilidades académicas.
 

Regresar con una nueva historia

Estudiar en Reino Unido no significó únicamente aprender dentro del aula. También me permitió comprender mejor el mundo al visitarlo, escuchar otros idiomas y descubrir culturas y ciudades que durante mucho tiempo había imaginado desde lejos.

Por supuesto, viajar durante una maestría requiere organización. Siempre debía revisar mis lecturas, trabajos y fechas de entrega antes de hacer planes. Sin embargo, con una buena administración del tiempo era posible aprovechar un fin de semana y estar de vuelta para retomar la rutina universitaria.

Salí de Leeds para pasar un fin de semana en París y regresé a mis clases con fotografías, recuerdos y una nueva historia que jamás imaginé poder vivir de una manera tan espontánea.

- Karla

 

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Antes de subir al avión

Estudiar Comunicación en University of Leeds

Lo que no aparece en las fotografías

Antes de viajar investigué muchísimo sobre la universidad, Leeds y la vida en Reino Unido. Llegué bien informada, pero ninguna investigación puede responder completamente cómo se sentirá vivir sola, estudiar en otro idioma o estar lejos de la familia.

Me preocupaban especialmente la soledad, hacer amigos, hablar con personas locales y adaptarme a una nueva modalidad académica. Después descubrí que ninguno de esos temores era tan grave como lo había imaginado. Las primeras veces podían dar nervios, pero poco a poco todo comenzaba a sentirse más natural.

Lo que sí resultó más difícil fue estar lejos de mi familia, pero las videollamadas, las fotografías y las cartas me ayudaron mucho, y es bueno llevar siempre algo de ese amor.
 

Organizar la primera semana

Mi recomendación para los primeros días es concentrarse en crear una base práctica. Es útil resolver temas como la cuenta bancaria, el teléfono, el transporte y el registro con un GP cercano al alojamiento o a la universidad.

También conviene aprender la ruta entre el alojamiento y el campus, ubicar las principales tiendas y comprar alimentos básicos para los primeros días. No es necesario resolver toda la vida inmediatamente; basta con preparar lo indispensable mientras comienzas a familiarizarte con la ciudad.

En mi caso, me habría gustado investigar mejor el funcionamiento de los medicamentos habituales. Antes de viajar habría consultado con mayor detalle cuáles estaban disponibles en Reino Unido, cómo podían obtenerse y qué documentación podía necesitar. Recomendaría que quienes siguen algún tratamiento médico revisen su situación particular con sus profesionales de la salud y consulten fuentes oficiales antes de viajar.
 

Elegir alojamiento a distancia

Escoger alojamiento sin haber visitado la ciudad puede ser complicado. Para mí, la ubicación era una prioridad porque quería vivir cerca de la universidad y poder desplazarme fácilmente.

También recomiendo leer muchas reseñas y observar la experiencia general de los residentes. Siempre puede aparecer algún comentario negativo, pero lo importante es identificar si la valoración general es positiva. La rapidez y claridad con la que el alojamiento responde los correos antes de reservar también puede dar una idea del tipo de atención que ofrece.

Yo elegí un estudio privado dentro de un alojamiento estudiantil porque valoraba mi independencia y quería tener un espacio propio. Fue la decisión adecuada para mí, pero no tiene que serlo para todos. Cada estudiante debe considerar su presupuesto, personalidad y forma de vida.
 

No llevar todo desde México

Al venir de Ciudad de México, el clima británico representó un cambio importante. Mi consejo sería llevar una buena chamarra y algunas prendas útiles, pero no llenar la maleta de ropa de invierno.

Desde mi experiencia, muchas prendas compradas en Reino Unido estaban diseñadas para el clima local y resultaban más adecuadas. Una vez allí es más fácil comprender qué tipo de abrigo, calzado o accesorios se necesitan realmente.

Yo volvería a llevar casi todo lo que empaqué, aunque dejaría varias prendas y zapatos que terminé usando muy poco. Siempre necesitamos menos cosas de las que imaginamos, especialmente cuando debemos transportar toda nuestra vida en una maleta.
 

Independencia no significa aislamiento

Vivir sola me enseñó a ser más productiva, administrar mejor mi tiempo y entender que la soledad no siempre es algo negativo.

El ritmo académico también requiere mucha organización. Es posible viajar, socializar y disfrutar Reino Unido, pero cada estudiante debe responsabilizarse de sus lecturas y fechas de entrega. La universidad ofrece asesorías, talleres, recursos y sesiones de apoyo; pedir ayuda no tiene nada de malo.

Si pudiera cambiar algo, habría asistido a más eventos sociales desde el principio. Algunas veces me daba pena ir sola o me preocupaba no conocer a nadie. Después comprendí que muchas de las personas que llegaban a esos eventos se sentían exactamente igual.
 

El consejo que me habría dado

A alguien a punto de subir al avión le diría que los nervios son completamente normales. Habrá momentos difíciles, días de nostalgia y situaciones que tendrá que resolver sin saber exactamente cómo hacerlo. Sin embargo, también conocerá nuevas personas, descubrirá lugares, aprenderá muchísimo y desarrollará una versión más independiente de sí misma.

No todo será perfecto, pero eso también forma parte de la experiencia. Lo importante es atreverse.

Cuando llegue el momento de mirar hacia atrás, uno podrá recordar todo lo que vivió, en lugar de quedarse para siempre con la pregunta: “¿Y si hubiera ido?”.

- Karla

 

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Mi México en Leeds

Mi México en Leeds-Estudiar en University of Leeds

El temor de llegar sola

Antes de mudarme a Reino Unido me preocupaba sentirme sola y no saber cómo hacer amigos. También me daba nervios hablar con personas locales o asistir sin compañía a eventos en los que no conocía a nadie.

Al principio tuve que atreverme a salir de mi zona de confort. Conocí a algunas de mis amistades más cercanas en grupos de latinoamericanos y en actividades organizadas por la universidad. Poco a poco, esos primeros encuentros se convirtieron en una comunidad.

Conviví con personas de diferentes partes de Latinoamérica, Reino Unido, China, Corea, Indonesia y otras más. Cada una tenía una historia que contar y una manera distinta de ver el mundo. Esa convivencia me enseñó que podemos tener costumbres muy diferentes, pero el respeto, la empatía y el deseo de conectar son universales.
 

Celebrar México desde Leeds

Estar lejos fortaleció enormemente mi identidad mexicana. Compartir mi cultura con otras personas hizo que valorara todavía más las tradiciones, la comida, la música y las expresiones que había llevado conmigo.

Con mis amigas y otros estudiantes latinoamericanos organizábamos reuniones, preparábamos comida mexicana y celebrábamos fechas especiales. En una ocasión también hicimos un altar de Día de Muertos dentro de la universidad. Fue muy bonito construirlo juntas y compartir el significado de esta tradición con personas de otros países.

Otro de mis recuerdos favoritos fue ver el partido inaugural de México en el Mundial. Nos reunimos en un bar del centro de Leeds que había instalado una pantalla gigante. Todos los mexicanos llevábamos nuestras playeras, preparamos una bandera enorme y llenamos el lugar de ruido, emoción y orgullo.

Lo más divertido fue ver que las personas locales también comenzaron a emocionarse con nosotros. Por algunas horas, un espacio en el centro de Leeds se sintió completamente mexicano. Estábamos muy lejos de casa, pero celebrábamos juntos como si no existiera ninguna distancia.
 

Aprender entre culturas

Las diferencias culturales también generaban momentos divertidos. Con mi pareja británica, por ejemplo, una de las más frecuentes tenía que ver con el tiempo. Yo utilizaba el clásico “ahorita” mexicano, mientras él seguía intentando comprender por qué esa

palabra no siempre significa exactamente “ahora”. La impuntualidad mexicana también podía resultar un pequeño misterio para él.

Esas diferencias se convirtieron en oportunidades para conocernos y aprender a interpretar nuestras formas de comunicarnos. Vivir en un entorno internacional no significa dejar atrás la propia cultura, sino aprender a explicarla, compartirla y permitir que también se transforme a través del contacto con otras personas.
 

Crear hogar lejos de casa

La nostalgia fue una de las partes más difíciles. Extrañaba a mi familia y había momentos en los que la distancia se sentía especialmente fuerte. Las videollamadas me ayudaban a mantenerme conectada, y tener conmigo fotografías y cartas de mis seres queridos resultaba reconfortante.

Mis amistades y mi pareja también se convirtieron en una red de apoyo muy importante. Gracias a ellos comprendí que comenzar sola no significaba permanecer sola.

Vivir fuera de México fortaleció mi identidad, pero también la transformó. Aprendí que es posible conservar un vínculo profundo con el lugar del que venimos mientras construimos relaciones y experiencias en un país diferente.

A quienes teman llegar sin conocer a nadie les diría que se atrevan a asistir a ese primer evento, iniciar una conversación o aceptar una invitación. No todas las amistades aparecen inmediatamente, pero las comunidades se construyen poco a poco.

Estudiar en Reino Unido me permitió conocer muchas culturas, pero también me ayudó a redescubrir la mía. Crucé el océano con una maleta, muchos nervios y grandes expectativas; con el tiempo descubrí que México también había viajado conmigo.

- Karla

 

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Desde Leeds a todas partes

Estudiar Comunicación en University of Leeds

Una ciudad fácil de descubrir

Antes de llegar a Reino Unido no conocía Leeds. Al instalarme, una de las primeras cosas que me sorprendió fue la amabilidad de la gente. Desde mi experiencia, es una ciudad acogedora, activa y cómoda para vivir como estudiante.

Gran parte de mi vida cotidiana podía realizarla caminando. La universidad, el centro y mi alojamiento estaban a una distancia manejable, lo que facilitaba conocer poco a poco las calles y sentirme más independiente.

El clima sí requirió adaptación. Al venir de Ciudad de México, el frío y la necesidad de utilizar varias capas de ropa podían resultar retadores. Sin embargo, siempre me ha gustado más el clima fresco y con el tiempo aprendí a prepararme mejor para disfrutarlo.

Leeds también tiene mucha vida social. En mi tiempo libre podía asistir a eventos, conciertos o reuniones, además de convivir con mis amigos y con la familia de mi pareja. La ciudad tiene todo lo necesario para disfrutarla, pero una de sus mayores ventajas es que también funciona como un excelente punto de partida para explorar otros lugares.
 

Descubrir Yorkshire

Viajar en tren desde Leeds me permitió conocer diferentes partes de Yorkshire. Visité ciudades y pueblos como York, Otley, Ilkley, Halifax y Knaresborough, además de lugares como Mother Shipton’s Cave.

Knaresborough se convirtió en una de mis recomendaciones favoritas para pasar un día fuera de Leeds. Es posible caminar, disfrutar sus paisajes, conocer espacios históricos y remar en el río. Para mí, un plan perfecto era pasear en bote, comer un helado y regresar tranquilamente a Leeds después de haber pasado el día al aire libre.

Estas excursiones me mostraron una parte del Reino Unido muy diferente de las imágenes más conocidas de Londres. Yorkshire tiene paisajes, pueblos, arquitectura e historias propias. Vivir en Leeds me permitió conocer esa diversidad sin necesidad de organizar viajes demasiado complicados o costosos.
 

Mucho más allá de la región

La buena conexión de Leeds también me permitió visitar otros destinos británicos. Durante mi tiempo como estudiante conocí Manchester, Liverpool, Londres, Edimburgo, Cambridge, Oxford y Nottingham, entre otros lugares.

Cada viaje fue especial por una razón diferente. Algunos los hice con amigos, otros con mi pareja y otros con mi familia cuando vino a visitarme. Dos de los recuerdos más significativos fueron viajar a Liverpool y Edimburgo con mi mamá y mi hermana. Después de tantos meses viviendo lejos de ellas, poder mostrarles una parte de la vida que había construido en Reino Unido fue muy emocionante.

Viajar también me ayudó a comprender mejor el país. Reino Unido no es una sola experiencia: cada ciudad tiene su propio ritmo, acento, arquitectura e identidad. Conocer esos contrastes complementó todo lo que aprendía dentro de la universidad.
 

Aprovechar la ubicación

Antes de llegar me preocupaba que vivir fuera de Londres pudiera limitar mis posibilidades de viajar. En realidad, descubrí que Leeds está muy bien conectada y que desde allí podía organizar escapadas a muchos lugares.

También aprendí que viajar durante una maestría requiere equilibrio. El sistema académico británico ofrece cierta flexibilidad, pero cada estudiante es responsable de organizar sus lecturas, ensayos y fechas de entrega. Era posible salir y explorar, siempre que planificara mi tiempo y cumpliera con mis responsabilidades.

Mi consejo para futuros estudiantes sería no limitar su experiencia al campus o a los destinos más famosos. Vale la pena conocer los pueblos cercanos, caminar por Yorkshire y aprovechar los fines de semana para descubrir lugares distintos.

Estudiar en Leeds me dio una educación internacional dentro del aula, pero viajar desde la ciudad amplió todavía más mi perspectiva. Leeds no fue únicamente mi destino: se convirtió en el punto de partida para conocer muchas versiones diferentes de Reino Unido.

- Karla

 

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Nunca es demasiado tarde

Estudiar Comunicación en University of Leeds

El miedo de volver a empezar

Terminé mi licenciatura y construí una carrera profesional en comunicación, marketing y contenidos. Aunque estudiar fuera de México era un sueño que tenía desde mucho antes, durante años me preocupó que hubiera pasado demasiado tiempo para regresar a la universidad.

Uno de mis mayores temores era ser mayor que mis compañeros o sentirme fuera de práctica. Esa inseguridad contribuyó a que en otros momentos pospusiera mis planes. Pensaba que quizá debía haber hecho la maestría inmediatamente después de graduarme y que ya había perdido la oportunidad.

Cuando finalmente llegué a Leeds descubrí que los estudiantes de posgrado tenían edades y trayectorias muy diversas. Aunque muchos compañeros eran más jóvenes, también conocí personas de mi edad e incluso mayores. Eso me ayudó a entender que no existía un único momento correcto para estudiar una maestría.

Cada persona había llegado con su propia historia. Algunas venían directamente de la licenciatura; otras habían trabajado, cambiado de profesión o tomado decisiones importantes antes de volver al aula. Esa diversidad hacía que las conversaciones fueran más enriquecedoras.
 

Mi experiencia también tenía valor

Regresar a estudiar después de trabajar durante tantos años implicaba algunos desafíos, pero mi experiencia profesional también se convirtió en una fortaleza.

Me sentía cómoda haciendo presentaciones, expresando mis ideas y tomando el liderazgo cuando trabajábamos en equipo. Además, conocía situaciones reales del mundo profesional que podía relacionar con las teorías y los casos que analizábamos en clase.

Mis compañeros más jóvenes también aportaban experiencias y perspectivas diferentes. La combinación entre nuestras trayectorias hacía que todos pudiéramos aprender unos de otros. No se trataba de competir para demostrar quién sabía más, sino de reconocer que cada recorrido ofrecía algo valioso.
 

Adaptarme nuevamente a la vida académica

Lo más difícil fue volver a leer textos muy académicos y cambiar el ritmo laboral por el universitario. En el trabajo estaba acostumbrada a otro tipo de responsabilidades y resultados. En la maestría debía dedicar largas horas a leer, investigar y construir argumentos antes de poder entregar un ensayo.

También tuve que aprender a organizar mi tiempo dentro de un sistema muy independiente. La flexibilidad era agradable, pero requería mucha disciplina. Yo era responsable de decidir cuándo estudiar, cuánto tiempo dedicar a cada lectura y cómo equilibrar mis obligaciones con el resto de mi vida.

Al principio hubo momentos en los que me pregunté si había tomado la decisión correcta. Durante el viaje a Reino Unido pensaba en mi familia, en todo lo que estaba dejando y en el hecho de que no conocía a nadie. Sin embargo, esa sensación cambió rápidamente cuando comenzaron las clases y empecé a construir una nueva comunidad.
 

Descubrir de lo que era capaz

Volver a estudiar me permitió descubrir que seguía siendo capaz de aprender, adaptarme y enfrentar retos completamente nuevos. También confirmé que soy una persona que trabaja muy duro y que no debía sentir culpa por querer buscar cosas buenas para mi vida.

La experiencia no cambió por completo mis intereses profesionales, pero sí amplió mis posibilidades. Comencé a considerar con mayor seriedad caminos vinculados con la diplomacia, la cultura y la comunicación internacional.

A alguien que lleva varios años trabajando y piensa que ya es demasiado tarde para estudiar en otro país, le diría que no abandone la idea únicamente por la edad o por el tiempo transcurrido. La experiencia profesional no es un obstáculo: puede convertirse en una de las mayores fortalezas dentro del aula.

Siempre habrá personas con trayectorias diferentes. Lo verdaderamente importante es llegar con curiosidad, disposición para aprender y la valentía de volver a comenzar. Para estudiar, crecer y cumplir un sueño, nunca es demasiado tarde.

- Karla

 

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Un idioma, nuevas puertas

Estudiar en University of Leeds

Del inglés estudiado al inglés vivido

Antes de llegar a Reino Unido tenía un buen nivel de inglés y había cumplido con los requisitos de admisión. Sin embargo, una cosa era estudiar el idioma desde México y otra muy distinta utilizarlo para hacer una maestría, resolver situaciones cotidianas y construir toda una vida.

Me preocupaba no comprender las clases, no encontrar las palabras correctas para participar o descubrir que mi nivel no era suficiente para escribir textos académicos. Pero también me daba nervios imaginar todas esas situaciones pequeñas para las que no existe un libro de texto: abrir una cuenta bancaria, pedir información, explicar un problema, hablar por teléfono o entender a una persona que se comunicaba rápidamente y con un acento desconocido.

Aunque había estudiado inglés durante años, mis propias inseguridades me hacían dudar. Al llegar, comprendí que el verdadero aprendizaje comenzaría cuando el idioma dejara de ser una materia y se convirtiera en la herramienta con la que tendría que desenvolverme todos los días.
 

Resolver la vida en otro idioma

Durante las primeras semanas, casi cualquier actividad podía sentirse como una pequeña prueba. Tenía que preguntar cómo utilizar el transporte, comprar lo necesario para mi alojamiento, contratar servicios, realizar trámites y entender indicaciones que a veces recibía muy rápidamente.

Abrir una cuenta bancaria, acudir a algún servicio, comunicarme con la recepción de mi alojamiento o explicar que necesitaba ayuda para resolver un problema, todo se volvió un reto. Hablar por teléfono podía resultar todavía más difícil porque no podía apoyarme en gestos ni expresiones faciales. Al principio preparaba mentalmente lo que quería decir antes de hacer una llamada.

El tema médico también representó un reto. Registrarme con un GP, hablar sobre los medicamentos que utilizaba o explicar algún síntoma requería vocabulario que no formaba parte de mis conversaciones habituales. Estas experiencias me enseñaron que saber inglés no significa conocer de antemano todas las palabras, sino poder explicar una idea de otra manera, formular preguntas y confirmar que comprendiste correctamente.

Incluso las actividades más sencillas se volvieron oportunidades para practicar: ordenar comida, comprar en el supermercado, pedir un chai, preguntar por una ruta o conversar con alguien que me atendía. Con el tiempo dejé de preparar cada frase con tanta anticipación y comencé a responder de una manera más natural.
 

Un país lleno de acentos

Al llegar descubrí que el reto no era únicamente entender el acento británico que había escuchado en películas o canciones. Reino Unido tiene una enorme diversidad de acentos regionales y, dentro de una universidad internacional, también se escuchan las distintas maneras de hablar de estudiantes y profesores de todo el mundo.

Acostumbrar el oído requería tiempo, atención y paciencia conmigo misma. Había conversaciones que comprendía inmediatamente y otras en las que tenía que pedir amablemente que repitieran algo. Aprendí que decir “¿podrías repetirlo, por favor?” no significaba que mi inglés fuera malo. Incluso las personas nativas pueden tener dificultades para comprender determinados acentos.

Convivir con personas locales y con estudiantes internacionales me ayudó muchísimo. Cada conversación me enseñaba nuevas expresiones y maneras de comunicarme. Poco a poco, el inglés dejó de sentirse como una barrera que debía superar y comenzó a convertirse en el puente que me permitía conocer personas, hacer amistades y comprender otras culturas.
 

Encontrar mi voz en el aula

La vida académica presentaba retos diferentes. Tuve que leer una gran cantidad de textos avanzados y aprender a escribir ensayos siguiendo las convenciones del sistema británico. No bastaba con tener buenas ideas: debía expresarlas con claridad, desarrollar argumentos y utilizar un lenguaje académico adecuado.

También sentía nervios al participar en las primeras clases. En los seminarios se esperaba que los estudiantes debatieran y compartieran sus interpretaciones, por lo que permanecer siempre en silencio no era la mejor manera de aprovecharlos.

Aunque me daba miedo equivocarme, decidí atreverme. Comencé a levantar la mano y expresar mis opiniones. Una estrategia que me ayudó fue leer con anticipación y preparar algunas notas o comentarios. No necesitaba memorizar un discurso; tener unas cuantas ideas escritas era suficiente para comenzar a hablar.

Mis profesores y compañeros siempre fueron respetuosos. Nunca sentí que me excluyeran por no ser hablante nativa. Al contrario, el ambiente internacional hacía que las diferencias lingüísticas fueran una parte natural de la experiencia.
 

Mucho más que hablar correctamente

Vivir en inglés me enseñó que comunicarse no consiste en hablar de manera perfecta. Consiste en escuchar, preguntar, explicar una idea de diferentes formas y tener la valentía de continuar incluso cuando cometemos errores.

Ser bilingüe también aporta una perspectiva especial. Pensar en dos idiomas permite reconocer que una misma idea puede entenderse de maneras diferentes y ayuda a desarrollar flexibilidad, empatía y una mentalidad más abierta.

A quien tenga un buen nivel de inglés, pero tema no poder estudiar y vivir completamente en ese idioma, le diría que lo intente. Nadie conoce desde el primer día todo el vocabulario que necesitará y todos cometemos errores, incluso los hablantes nativos.

Mi inglés no tenía que ser perfecto para comenzar. Solo necesitaba utilizarlo, vivirlo y permitir que cada clase, trámite, conversación y experiencia abriera una puerta nueva.

- Karla

 

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Comunicar sin fronteras

Estudiar en University of Leeds

Llevar mi experiencia de vuelta al aula

Antes de llegar a Reino Unido había trabajado durante más de diez años en áreas relacionadas con la comunicación, el marketing y los contenidos. Volver a estudiar no significaba comenzar desde cero, sino encontrar nuevas formas de comprender todo aquello que ya había vivido profesionalmente.

Siempre me ha apasionado la comunicación corporativa, pero quería conocerla desde una perspectiva más amplia. Me interesaba entender los procesos globales, descubrir cómo funcionan otros entornos profesionales y aprender a desenvolverme mejor en espacios internacionales.

También buscaba un programa conectado con mis intereses personales. Me encantan las culturas, los idiomas y los viajes, así que el MA en International Communication me permitía reunir mi experiencia profesional con mi curiosidad por el mundo.
 

Mirar la comunicación desde la cultura

Uno de mis módulos favoritos fue Media, Culture and Globalisation. En las clases analizábamos cómo la cultura influye en numerosos procesos sociales, cómo los medios participan en la construcción de significados y de qué manera las identidades se transforman dentro de un mundo globalizado.

Estos temas me interesaban no solo académicamente, sino también a nivel personal. Estudiar fuera de México me hacía reflexionar constantemente sobre mi propia identidad, las ideas que llevaba conmigo y la forma en que otras personas percibían mi cultura.

Uno de los trabajos que más disfruté fue un ensayo sobre mi identidad cultural. Poder relacionar las teorías del programa con mi propia experiencia hizo que el aprendizaje se sintiera cercano y relevante. No estaba memorizando conceptos únicamente para obtener una calificación; estaba utilizando nuevas herramientas para comprenderme mejor a mí misma y analizar el mundo que me rodeaba.

La diversidad del grupo enriquecía todavía más estas conversaciones. Mis compañeros provenían de distintos países, culturas e idiomas, por lo que un mismo tema podía generar perspectivas completamente diferentes. Escuchar esas interpretaciones fue una de las partes más valiosas del programa.
 

Aprender de una manera diferente

La principal diferencia entre estudiar en México y cursar un posgrado en Reino Unido fue el nivel de independencia. Las clases eran solamente el punto de partida. Después debía

dedicar muchas horas a leer, investigar, preparar comentarios y desarrollar mis propias ideas.

Nadie estaba recordándome constantemente las fechas de entrega ni indicándome cada paso. Yo debía conocer mis responsabilidades, organizar mi calendario y comenzar los trabajos con suficiente anticipación. Esta libertad podía ser muy positiva, pero también exigía disciplina.

Lo más retador fue adaptarme nuevamente a la lectura de textos académicos y escribir numerosos ensayos en inglés avanzado. Al principio necesitaba mucho tiempo para ordenar mis ideas y asegurarme de cumplir con las expectativas del sistema británico. Pero en los últimos trabajos, el investigar y argumentar comenzaba a fluir ya con mayor naturalidad.

Los profesores también tuvieron un papel importante. Siempre mantuvimos una relación respetuosa y cordial, y contábamos con horarios de atención y comunicación por correo para resolver dudas. Aunque el aprendizaje era independiente, eso no significaba que estuviéramos solos.
 

Encontrar mi propia voz

Participar en clase fue una de las formas en las que comencé a reconocer mi progreso. Cuando compartía mis ideas, los profesores comenzaron a identificarme y a hacer comentarios positivos sobre mis aportaciones. Esos momentos me ayudaron a comprender que mi experiencia profesional sí tenía un lugar dentro del aula. Podía relacionar las teorías con situaciones reales, participar con seguridad, tomar el liderazgo y aportar una perspectiva diferente.

Al terminar el programa me llevo mucho más que conocimientos académicos. Fortalecí mi capacidad de análisis, la organización de mi tiempo, la comunicación intercultural y la confianza para expresar mis ideas. También descubrí un interés más profundo por áreas como la diplomacia y la comunicación cultural.

Recomendaría este programa a quienes sientan curiosidad por la comunicación, la cultura y la globalización. Es una experiencia especialmente enriquecedora para quienes desean cuestionar sus propias perspectivas y aprender a mirar el mundo desde muchos puntos de vista.

- Karla

 

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Entre libros y tazas de chai

Estudiar en University of Leeds

Construir una rutina desde cero

Antes de llegar a Reino Unido, una de las cosas que más curiosidad me causaba era cómo sería realmente mi vida cotidiana como estudiante. Podía imaginar las clases, los edificios y los trabajos académicos, pero no sabía qué pequeños hábitos terminarían formando parte de mis días.

Vivía en un estudio privado dentro de un alojamiento estudiantil cercano a la universidad. Elegí esa opción porque, después de varios años trabajando, valoraba mucho mi independencia y quería contar con un espacio propio. Mis ahorros y las becas que recibí me permitieron hacerlo, aunque considero que cada estudiante debe elegir su alojamiento de acuerdo con sus preferencias y posibilidades.

Vivir cerca del campus facilitó mi rutina. Un día habitual comenzaba con prepararme para salir y caminar hacia la universidad. Con el tiempo, esa caminata se convirtió en la transición entre mi espacio personal y mi vida académica, mientras escuchaba mi música.
 

Un chai antes de comenzar

Una de mis paradas favoritas era The Refectory, donde compraba el chai que se volvió parte de mi rutina. Puede parecer un detalle pequeño, pero esos rituales cotidianos fueron muy importantes durante mi adaptación.

También me hice amiga de una de las personas que trabajaban allí. Siempre era amable, servicial y conversadora. Ver un rostro conocido y detenerme unos minutos a platicar ayudaba a que la universidad se sintiera cada vez menos como un lugar desconocido.

Después podía tener una o dos clases. En Reino Unido se espera que los estudiantes lleguen preparados, participen y continúen aprendiendo fuera del aula. Por eso, las horas de clase eran solamente una parte de mi día. Gran parte de la experiencia sucedía mientras leía, investigaba, organizaba mis ideas y preparaba mis ensayos de manera independiente.
 

Edward Boyle, mi segunda casa

Edward Boyle Library se convirtió en mi principal espacio de estudio. No necesariamente era mi favorita por su diseño, sino por todo lo que me ofrecía en la práctica. Era muy grande, tenía numerosos lugares para trabajar, amplios horarios y un ambiente de silencio y tranquilidad que me ayudaba a concentrarme.

También era la biblioteca más cercana a mi alojamiento, por lo que podía utilizarla con mucha facilidad. Allí pasé incontables horas leyendo, escribiendo y organizando mis

proyectos. Con el tiempo aprendí cuáles eran mis espacios favoritos y dónde podía concentrarme mejor dependiendo del trabajo que necesitara hacer.

Estudiar durante varias horas podía ser cansado, especialmente porque mi programa requería leer una gran cantidad de textos académicos en inglés. Sin embargo, contar con un lugar cómodo y tranquilo hacía una gran diferencia. Edward Boyle terminó convirtiéndose en una especie de segunda casa dentro del campus.
 

Una biblioteca para cada momento

Algo que disfruté mucho de la University of Leeds fue la posibilidad de cambiar de biblioteca y encontrar diferentes ambientes. Cuando necesitaba modificar mi rutina, podía trabajar en la moderna Laidlaw Library, que también tenía muchos espacios agradables para estudiar.

La Brotherton Library, dentro del icónico Parkinson Building, ofrecía una experiencia completamente distinta. Su arquitectura es impresionante y el ambiente puede ser de un silencio absoluto. Era perfecta cuando necesitaba concentrarme profundamente, aunque no siempre resultaba la mejor opción si quería tomar un descanso y conversar con mis amigos.

Con el tiempo comprendí que no tenía que elegir una sola biblioteca. Podía utilizar distintos espacios según mi estado de ánimo, el tipo de trabajo que estuviera realizando o las personas con las que quisiera estudiar. Explorar el campus fue también una manera de construir mi propia experiencia universitaria.
 

Estudiar también significa convivir

No todos mis días consistían únicamente en clases y lecturas. Después de trabajar en la biblioteca, podía comer con amigos, asistir a una actividad o pasar tiempo en la Language Zone.

En ese espacio también fui líder de un curso de español. Organizaba las presentaciones, la estructura, los temas y los materiales de cada clase, además de impartir las sesiones. La experiencia me permitió compartir mi idioma, conocer personas de otras culturas y sentirme más segura hablando frente a un grupo.

En mi tiempo libre también iba al gimnasio, utilizaba la alberca o asistía a mis clases de zumba. Otros días prefería caminar, asistir a un evento universitario, convivir con mis amigos, o simplemente quedarme en mi acogedor estudio a ver alguna película. Encontrar un equilibrio entre estudiar, descansar y socializar fue esencial para adaptarme.
 

Los pequeños rituales también cuentan

Estudiar una maestría en Reino Unido requiere mucha organización. Nadie está recordándote constantemente lo que debes leer o cuándo tienes que comenzar un ensayo.

Puedes viajar, salir con amigos y disfrutar la ciudad, pero también eres responsable de administrar tu tiempo y cumplir con el trabajo académico.

Al principio, ese nivel de independencia fue retador. Después aprendí a ser más productiva, a conocer mi ritmo y a valorar también los momentos de soledad. Vivir sola no significaba estar aislada; significaba tener un espacio propio desde el cual podía construir una rutina y después salir a formar parte de la comunidad.

Cuando recuerdo mi vida como estudiante en Leeds, no pienso únicamente en los grandes momentos. También recuerdo las caminatas hacia el campus, el chai antes de clase, las horas de silencio en Edward Boyle, las conversaciones con amigos y la satisfacción de terminar un día productivo.

Fueron precisamente esos pequeños rituales los que hicieron que una universidad ubicada al otro lado del mundo dejara de sentirse desconocida y comenzara a convertirse en parte de mi vida.

- Karla

 

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University of Leeds: mi lugar inesperado

Study at University of Leeds

Antes de comenzar mis solicitudes, Leeds era completamente desconocida para mí. Nunca había visitado Reino Unido y todo lo que sabía sobre la ciudad provenía de los videos, las fotografías, las redes sociales y la información que había encontrado durante meses de investigación.

También solicité admisión en otras universidades británicas, pero afortunadamente, fui aceptada en todas, por lo que escoger mi destino implicó comparar no solo los programas, sino también las ciudades, las oportunidades de financiación y la manera en que cada universidad se había comunicado conmigo. Quería encontrar una institución con una buena reputación, pero también un lugar en el que pudiera imaginarme construyendo una vida.

La University of Leeds comenzó a distinguirse desde el proceso de solicitud. Siempre recibí respuestas claras, amables y puntuales. La universidad daba seguimiento a mi aplicación y mostraba un interés genuino en orientar a sus futuros estudiantes internacionales. Esa atención me transmitió confianza incluso antes de llegar.

También me atrajeron su reputación académica, las oportunidades de becas y las características de la ciudad. Leeds parecía ofrecer el equilibrio que estaba buscando: una ciudad accesible y cómoda para vivir como estudiante, pero suficientemente grande, activa e interesante para disfrutar una verdadera experiencia urbana.

El programa también era muy importante para mí. Después de más de diez años trabajando en comunicación, quería ampliar mis conocimientos desde una perspectiva internacional. El MA en International Communication reunía temas relacionados con la comunicación, la cultura y los procesos globales, tres áreas que siempre me han apasionado.

Aunque había investigado muchísimo, elegir una universidad desde otro país siempre implica cierta incertidumbre. No sabía exactamente cómo sería la ciudad, si lograría adaptarme o si sentiría que había tomado la decisión correcta. Solo podía confiar en la información que había recopilado y en lo que mi intuición me decía.
 

El momento en que todo se volvió real

Por mucho que hubiera visto fotografías antes de viajar, nada se comparó con conocer el campus personalmente. Mi primera impresión fue que parecía estar dentro de una película. Los edificios, los jardines y la combinación entre arquitectura histórica y espacios modernos se veían tal como los había imaginado, pero estar allí hacía que todo adquiriera otro significado.

Uno de mis momentos favoritos ocurrió en mi facultad. Iba a entrar a una clase cuando me detuve unos instantes para observarlo. Su arquitectura tiene ese estilo antiguo y característicamente inglés, que recuerdo haber pensado: “De verdad estoy estudiando aquí”. Fue un momento sencillo, pero representó la materialización completa de mi sueño. Todo el proceso de búsqueda, solicitudes, documentos, becas y preparativos me había llevado finalmente hasta ese edificio.

Me sentía poderosa y, al mismo tiempo, sorprendida de haberlo conseguido. Después de tantos años pensando en estudiar fuera de México, ya no estaba viendo el campus a través de una pantalla: realmente era estudiante de la University of Leeds.
 

Una universidad llena de vida

El ambiente universitario también superó mis expectativas. Desde mi experiencia, era muy acogedor, internacional y dinámico. Siempre había asociaciones, actividades, talleres y eventos en los que era posible aprender algo nuevo o conocer personas de otras partes del mundo.

Al mismo tiempo, se percibía una energía académica constante. En el campus convivían estudiantes trabajando en sus proyectos, participando en actividades o simplemente disfrutando de los espacios universitarios. La universidad también ofrecía numerosos recursos para recibir orientación académica, resolver dudas y adaptarse a la vida estudiantil.

Mis profesores fueron respetuosos, accesibles y dispuestos a ayudar. Contaban con horarios de atención y respondían las preguntas por correo, algo que me hizo sentir acompañada dentro de un sistema académico que exige mucha independencia.
 

Mucho más de lo que imaginé

Si pudiera volver a elegir, escogería Leeds nuevamente. Me gustaron mis módulos; encontré profesores accesibles y respetuosos, y me sentí muy bien recibida. La universidad me dio los recursos para crecer académicamente, pero la ciudad también me permitió construir una vida completamente nueva.

Además, Leeds me regaló algo que jamás había contemplado cuando revisaba universidades desde México: aquí conocí a mi pareja británica. No vine buscando una relación y no formaba parte de ninguno de mis planes; simplemente ocurrió. Encontrar a alguien con quien compartir esta etapa convirtió la ciudad en un lugar todavía más especial.

Elegir una universidad desde otro país siempre implica incertidumbre. En mi caso, escogí Leeds basándome en su reputación, su programa y las oportunidades que podía ofrecerme. Al llegar, descubrí que había elegido mucho más que un lugar para estudiar: había encontrado un campus que me inspiraba, una ciudad que me recibía con los brazos abiertos y el escenario en el que comenzaría una nueva vida.

- Karla

 

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